Nuestras personalidades se configuran en edades muy tempranas. En nuestra infancia nos exponemos a modelos y aprendizajes que van modelando la estructura de nuestra personalidad.

Es algo inevitable el que absorvamos como esponjas las personalidades de las personas que colaborarón en nuestra crianza. Cuanta más afectividad tuviesemos con ellos al ser personas cercanas como una madre o un padre, más hondo nos va a cabar sus rasgos de personalidad.

Inconscientemente nos vamos construyendo, condicionados por lo que se nos transmite. Si tuvimos la suerte de que fuesen personas seguras y con aplomo en la toma de decisiones, con reacciones proporcionadas ante la frustración y una autoestima sana e incondicional nos van a traspasar a nosotros las mismas cualidades que vamos poner en funcionamiento toda la vida, pudiendo a través de cada experiencia reforzarlas aún más.

Lo contrario sucederá cuando eran inseguros y fuimos expuestos inocentemente a sus miedos, dudas, reproches, cuestionamientos… Posteriormente nuestra base será débil, al igual que los cimientos de un edificio que no se forjaron con la suficiente solidez, al que una vez terminado y se proceda a su decoración ornamental por mucho que se adorne sus cimientos se tambalearan siempre.

Si nuestros padres fuerón excesivamente protecionistas con nosotros también nos va impidir ser ahora personas autosuficientes y seguras para valernos sin sufrimiento emocional por nosotros mismos.

Nuestra percepción y sentimiento de capacidad nos permitirá dirigirnos hacía objetivos con los que fortalecer el concepto bueno de nosotros mismos. Si nuestra inseguridad es mucha nos condicionara la vida impidiendo que nos dirijamos con fuerza suficiente hacía los objetivos que necesitamos conseguir.

El pensamiento positivo permite debilitar las atribuciones erróneas en torno a nuestras capacidades, siendo flexibles entendemos que como humanos podemos cometer errores y que necesitamos un período de tiempo para mejorar la ejecución de determinadas tareas, aunque esto no tiene que ser un sinónimo de “ no poder”.

No permitas que tu autoestima se tambalee cuando algo se resiste. Piensa que es incondiconal y que no debes compararte con nadie. No todo el mundo es artronauta y no todos los astronautas son buenos cocineros.

No guardes dentro de ti sentimientos y emociones de desaprobación y miedo. Es necesario que permitas elaborar ese tipo de emociones de una forma clara para que no guardes resentires que te impidan sentirte bien y empeoren aún más el problema. Te va ser útil la ayuda de un psicólogo.

Emplea bien tu tiempo sin olvidarte del ocio, el deporte y las buenas relaciones interpersonales, todos ellos te van a predisponer de la mejor manera para que saques lo mejor de ti.

Aprende a menejar la incertidumbre, impidiendo que te inmovilice al no saber ciertamente los resultados. Acuérdate que el camino es la meta. Si avanzas con esta filosofía confía, el resultado depende enteramente de ti.

Sal de tu zona de confort y asume el riesgo. La vida es así. A veces para ganar una cosa tenemos que afrontar otras. Es igual para todos. Vívelo con naturalidad.

Relacionada la inseguridad con tus relaciones, debes de tener en cuenta que no todo lo que pensamos es cierto y que nadie le puede leer la mente a otra persona para estar tan ciertos de que en algo nos pueden estar engañando. Valórate y piensa que una experiencia adversa no tiene por que condicionar la siguiente ya que siempre en último término estás tú para reencuadrar la situación y pensar que vales mucho y que quién no te supo valorar a tiempo perdió a una maravillosa persona.

Esta forma de sentirte te permite autogestionarte emocionalmente y facilita que las relaciones se vivan en respeto sin dependencias emocionales.

«La confianza nos da coraje y amplía nuestros horizontes, permite asumir mayores riesgos y llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.»
-Jack Welsh